Esto no me lo contaron en la infancia

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sábado, 28 de enero de 2012

Corruptos, corruptos everywhere.

Años atrás la gente decía de España que era un gran país para vivir. Recuerdo a mi madre ensalzar su orgullo patrio cuando lo comparaba a otros países de Europa, se enardecía a gusto, se sentía plena y satisfecha desde que se levantaba, hasta que se iba a la cama por la noche. El motivo de su felicidad era pensar en ese modo de vida español que el resto del mundo parece que nunca había disfrutado. Ese alborozo social de los bares, ese sentir y vivir la vida del ambiente de las ciudades y calles, esas fiestas populares… a lo español, claro.

El caso es que hace años que no escucho a mi mamá hacer los mismos comentarios animosos y adorables hacia este suelo. ¿Porqué será?

Puede ser porque el resto de países europeos, a diferencia del nuestro, sabe cómo hacer bien las cosas… y las hace, pero de verdad. Nadie con dos dedos de frente dudaría de que si el juicio contra Camps hubiese tenido lugar en otro país de la Unión, éste hubiese ido a prisión durante muchísimos años, o si el asesinato de Marta se hubiese dado en… Alemania, por ejemplo, se hubiese hecho justicia de verdad. O si Garzón… todos sabemos el resto de la frase. Lo que no sabemos es la respuesta a la pregunta: ¿Qué está pasando aquí con la justicia? Y mi madre añadiría: “ ¡ay hija!, no sólo con la justicia, sino con los jóvenes, con la economía, con la educación, con la sanidad…”

Supongo que lo ella no se atreve a decir es lo que todos sabemos pero no exigimos. Supongo que no de la manera exacta para que las cosas cambien. Nos hemos convertido, sin saberlo, en el país de la aceptación forzosa, del “ es lo que hay”, del sabemos lo que sucede tras la cortina pero no podemos descorrerla, del “virgencita que me quede como estoy”… Y así nos va. Hemos dejado que unos cuantos codiciosos sostengan la varita mágica del espectáculo y ahora no tenemos ni idea del conjuro para quitársela de las manos.

No existen soluciones fáciles, lo único que podemos hacer es aprender conjuntamente de los errores y… esperar a que todo mejore. Según dicen, el tiempo cura todas las heridas y las madres siempre saben dónde guardan todo.

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