Esto no me lo contaron en la infancia

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lunes, 25 de abril de 2011

La intrahistoria de la leyenda de San Jordi.

Según cuenta la historia oficial, los hechos sucedieron de esta manera:

“Hace mucho tiempo, un dragón terrible atemorizaba a los habitantes de un pueblecito de Cataluña llamado Montblanc. El dragón causaba estragos en la población y devoraba a los animales de pasto de la aldea. Para calmar la ira del dragón, los habitantes decidieron que cada día sacrificarían a una persona, escogida por sorteo, y la ofrecerían al dragón como señal de buena voluntad.
Pero un día en que reinaba la oscuridad, la persona que se iba a sacrificar era la hija del rey. Cuando el dragón la iba a engullir apareció un hermoso caballero para enfrentarse a la bestia malvada. Era Sant Jordi, que le clavó su lanza, y de la sangre del dragón surgió un rosal con rosas bien rojas.”
(http://www.bcn.cat/stjordi/es/llegenda.html)

Pero lo que nadie sabe es lo que realmente aconteció, eso que ningún aldeano/a se atrevió a contar o recordar.

Ya la princesa había sido una muchacha extraña desde pequeña. Su idea de sentirse a gusto consigo misma antes que fingir ser como no quería ser, es decir como el resto de chicas, en una época en la que las hijas de los reyes casi no tenían consciencia de su propia personalidad, la empujó a un estado de soledad permanente, aunque a ella esto le entusiasmaba, más que sumirla en la amargura. Le encantaba, disfrutaba enormemente pensando en sus cosas, sus sentimientos, que no podían compararse con los de otras, simplemente porque eran suyos, suyos nada más.

A veces por un momento sentía la desgracia de compararse con el resto, posiblemente en un impulso de acercarse un poco a las muchachas normales que ella veía constantemente en la aldea. Se imaginaba dentro de ese mismo deleite al compartir risas y secretos o sueños posibles, que cupiesen dentro de un mundo real al que no estaba acostumbrada a enfrentarse. Pero después volvía a su refugio mental, cerraba los ojos y cualquier otro sentimiento ajeno a ella, no le reportaba ni una cuarta parte de satisfacción de lo que experimentaba con los suyos. Estaba sola y percibía el mundo así.

Un día apareció el dragón otra vez. Era el mismo que había estado comiéndose la las ovejas y destrozando el pueblo. La gente estaba atemorizada. El rey también. Se reunieron y entre todos alcanzaron un acuerdo. Si el dragón se comía al rebaño posiblemente dejaría a los lugareños sin nada para comer, lo que provocaría aún más muertes. A partir de ahora si el animal tenía hambre, le darían una persona, una cada día, con tal de que cejase en sus ataques al pueblo.

Las primeras semanas fueron duras, claro que sí. Cada día, y siempre por sorteo, una persona se adentraba en el bosque y desaparecía para siempre. Las familias lloraban la pérdida de los seres queridos, pero al menos el resto del pueblo podía comer.
Hasta aquel día...

El rey no pudo negarse, y la princesa tampoco. Todo el pueblo había participado renunciando a algo querido, no era justo que el monarca eludiese esta responsabilidad.
Y llorando por el disgusto, la princesa desapareció en el bosque, pero no para morir físicamente, sino para cambiar la historia, en concreto, la suya propia.

Cuando el dragón estuvo cerca de ella, justo acercándose y pensando que se la comería, la princesa cerró los ojos y sin quererlo se puso a temblar. Pero el dragón se tumbó delante de ella y esperó a que se calmase. La princesa abrió los ojos para darse cuenta de que no quería hacerla daño, sino rescatarla. Rescatarla del pueblo, de la mediocridad y de la alienación a la que la habían tenido sometida, derivada en la perpetua soledad que ella había aprendido a amar.


Estuvieron hablando mucho tiempo; de todo, del mundo, de la vida, del hombre, del pueblo...
A la princesa le gustaba el dragón, sentía que la entendía como nadie, pensaba como nadie y odiaba y amaba de la misma manera que ella.
Tan metidos estaban en la conversación que no se dieron cuenta de que un caballero se acercaba hacia ellos. El caballero tenía en mente matar al dragón y esperaba que la princesa aceptase casarse con él si lo conseguía, liberándola del monstruo. Nada más encontrarse casi a su misma altura les habló:
  • ¡Princesa!, ¡oh princesa, no temáis!, mataré al dragón y pediré vuestra mano en santo matrimonio. Viviremos felices en palacio y nunca más tendrás que preocuparte por nada, puesto que tu apuesto caballero dará la cara siempre por ti...
El dragón le dijo a la princesa:
  • ¿Este gilipollas es amigo tuyo?
  • No, que yo sepa...
  • ¿Te importa si me lo como? Estoy hambriento...
  • No, que va. Adelante...
Y acabando de decirlo, se zampó al extraño. De la sangre del caballero muerto, destripado, despellejado y hechos trizas sus huesos, nació en ese mismo lugar una rosa blanca, símbolo del respeto. El dragón la arrancó y se la dio a la chica:
  • Estoy muy orgulloso de ti por ser tan valiente, muchacha, incluso antes de entablar conversación conmigo y pensando que te daría muerte has tenido el coraje de venir sola hasta mí. Tienes valor y veo que puedes arreglártelas sola. Como muestra de respeto hacia tí, una parte de mí permanecerá contigo eternamente para protegerte del mundo y sobre todo del hombre.
La princesa lo miraba agradecida y sentía que una parte del dragón ya estaba dentro de su corazón.
  • Recuerda, cada vez que te sientas indefensa, saldré para protegerte, no importa cual sea el peligro... Nadie será capaz de hacerte daño...
Y se fue. Y la princesa lloraba agradecida y consolada por su suerte. Al final no había sido comida por el monstruo, pero como no deseaba volver a la aldea se fue lejos. Justo cuando comenzaba a alejarse del lugar donde todo había sucedido, vio al equino del caballero. Agarró las riendas, montó al animal, y cabalgando, desapareció para no volver...

FIN

jueves, 21 de abril de 2011

La gañanada del día.

Como siempre, nuestros amigos del diario "Público" nos deleitan con sus meteduras de pata gramaticales... Aaaaahhhhh, el exquisito placer de un fílólogo: corregir.

"A Cibeles con la Copa hecha pedazos

Los jugadores del Madrid festejaron en Cibeles tras resbalarse el trofeo de las manos de Sergio Ramos y ser arrollado por el autobús"

Festejar como verbo transitivo que es, necesita un complemento directo. En este caso se lo han ahorrado, no tenemos consciencia de si ha sido porque no tienen dineros para más palabros o por la emoción de la victoria del Madrid. Sea como sea, son culpables de haber dejado huérfano a un verbo y de destrozar el lenguaje como les da la gana. Doble delito aun no tipificado por el código penal, por desgracia.

martes, 19 de abril de 2011

La falta de ortografía del día/ o falta gramatical... todo tiene cabida en este espacio.

Hoy me ha quedado claro que los/las que redactan los artículos del periódico de tirada nacional "Público", son monos... No hay otra explicación para encontrar todos los días faltas de ortografía o redacción. Os dejo la de hoy:

"El juego de las diferencias

Desde los buscadores a a las redes sociales, china lo copia todo y aveces hasta supera al original"

(Diario "Público", 19 de abril de 2011).

lunes, 18 de abril de 2011

(No) Pido perdón y la palabra.

Llevo tiempo sin escribir pero tengo muy claro que no voy a pedir perdón por ello a nadie. Básicamente porque este blog fue creado para expresar quejas u opiniones que cada uno quiera. Y si no se da el caso de que la autora o seguidores tienen tiempo o motivos para escribir en una temporada relativamente larga, pues nada. No se escribe.

Me hace gracia la gente que pide perdón a su "audiencia" por algo tan nimio como eso. Eso si, es gente que después por cosas importantes no lo pide, debe tener el chip interno del revés. Es algo que tampoco entiendo. Pides perdón a gente que ni conoces para quedar bien con ellos y a familia y amistades no cuando es necesario. ¿Porque tiene la gente la sensación de que ha de quedar bien con todo el mundo? ¿No es más justo ser fiel a uno mismo sin importar lo que puedan pensar? Lo digo porque después de muchos años uno aprende a ser fiel SÓLO a si mismo. Es decir, siempre he tenido la sensación de que debía agradar a los demás en algún sentido u otro hasta que al final llegué a conclusiones tan cojonudamente buenas como: "Soy como soy, y no tengo que pedir ni permiso ni perdón". Es la naturaleza del indivualismo la que nos lleva a pensar así, supongo, porque la sociedad actual nos quiere conducir a lo contrario. A ser monigotes sin voluntad y con un gran poder de manipulabilidad por parte de otros.

Por eso, cuanta más gente conozco, aparte de que mi misantropía sube, como le subía la bilirrubina al Guerra, me doy cuenta de que puede ser que en ocasiones esperen algo de mi que no soy. O por lo menos se hacen una idea de algo que es inexistente, cosa que a veces desemboca en chasco por su parte, y muchas veces sucede con el genero masculino.

Pues eso, que no deseo contentar a nadie, excepto a mi misma. Y a quien no le guste ya sabe el camino de vuelta, porque no vivimos para otros sino para nosotros mismos, o al menos eso es lo que debemos intentar.